Agricultores argentinos decididos a poner fin a la era Kirchner
"Acá empezó todo hace más de un año", dice Raúl Victores, presidente de la Sociedad Rural de San Pedro, importante lugar de producción cerealera de Argentina. "Seguimos hoy con la misma determinación", asegura, acomodándose su gorra azul.
Aquel día, el 19 de marzo de 2008, más de un millar de productores venidos de toda la región bloquearon la ruta Panamericana en San Pedro, ciudad de 50.000 habitantes.
"Había más de 300 camiones, campos incendiados y el humo llegaba hasta Buenos Aires", recuerda Héctor Salmoiraghi, un productor de 46 años. "Había mucha calentura (enojo)", agrega Lisandro Gordó, de 34, parado a su lado.
Así reaccionaron los productores a la decisión del gobierno de aumentar 25% el impuesto a las ventas externas de soja, principal producto de exportación del país. La medida iba a provocar un conflicto inédito que frenó la actividad del país durante seis meses.
Desde entonces, la presidenta y su esposo y antecesor, Néstor Kirchner (2003/2007), encarnan el mal absoluto para "el campo". El matrimonio, que se juega todas las fichas en las elecciones del domingo, podría perder el control del Congreso.
En marzo la mandataria había comenzado a negociar un acuerdo parcial con los representantes de las patronales del agro, en el que parecía que se tomaba en cuenta la situación de los productores, golpeados no sólo por las "retenciones" (impuestos a las exportaciones) sino también por la peor sequía en más de 50 años.
Pero algunos días más tarde Kirchner puso fin a las negociaciones y anunció su decisión de adelantar al 28 de junio los comicios legislativos previstos para octubre, lo que exacerbó la ira de los productores agrícolas, que consideraron la medida como una nueva maniobra de distracción.
"El verdadero enemigo es el kirchnerismo", declara Victores, que fue arrestado durante 12 horas al inicio de la protesta.
Argentina, primer exportador mundial de harina y aceite de soja, registró una baja de entre 20.000 millones y 25.000 millones de dólares en sus ingresos anuales originados en la exportación de materias primas.
También perdió entre 1,5 y 1,8 millones de bovinos en menos de un año debido a la sequía.
El teléfono de Victores suena: le avisan que el jefe de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), Ricardo Echegaray, está en la ciudad.
"¿Qué viene a hacer a San Pedro, la cuna del despelote (lío)?", exclama.
En cuestión de minutos organizan una manifestación para demostrarle a ese funcionario leal a Kirchner que el mundo rural no abandonó la lucha.
Pero ahora la forma de manifestar ha cambiado: los productores ingresaron a la política y decenas de ellos se postulan a cargos electivos el domingo.
A 66 km de San Pedro, en el Club Atlético Almirante Brown de la ciudad de Arrecifes, de 30.000 habitantes, Roberto Donnola, de 53 años, es uno de ellos.
Candidato al Concejo Deliberante comunal, termina de preparar el banquete de final de campaña electoral. Confiesa que el conflicto fue más fuerte que su aprehensión contra la política, pero está nervioso, ya que va a tener que hablar frente a 1.200 personas.
"Es apasionante esto. Tiene mucha adrenalina", reconoce.
La carne que llegará a la mesa proviene de su establecimiento, y está siendo cortada al costado de la cancha de básquetbol, donde están dispuestos los 1.200 cubiertos y otras tantas carpetas rojas. Es el color de Unión-Pro, del magnate Francisco de Narváez, principal rival de Néstor Kirchner en la provincia de Buenos Aires (centro-este).
"Nos dimos cuenta que sin participar es difícil que haya cambios", asegura Donnola. Detrás de él un afiche afirma: "El cambio empieza un día".
Viernes 26 de Junio
Fuente: AFP
