Agricultores ponen de nuevo en la cuerda floja a Kirchner en Argentina

Otra huelga de agricultores hartos por los impuestos a la codiciada soja dejó esta semana en la cuerda floja al modelo de lucha contra la inflación y reparto de riqueza de la presidenta Cristina Kirchner en Argentina, uno de los mayores productores y exportadores mundiales de alimentos.

Millares de productores agropecuarios están de nuevo al pie del cañón en unos 300 mitines en las rutas, donde instalaron tractores, banderas albicelestes, carteles y distribuyen panfletos con diatribas que apuntan a la mandataria y su marido, el ex presidente Néstor Kirchner (2003-2007).

"Son rencorosos, orgullosos, soberbios", disparó contra el matrimonio que concentra el poder en la nación sudamericana uno de los líderes más populares de la protesta, Alfredo de Angeli, quien es aclamado como un héroe en cada pueblo y cada ciudad que visita en la rica Pampa Húmeda y aledaños.

Trepado a una camioneta, De Angeli es una personalidad emblemática de la rebelión agraria, luciendo un pañuelo de gaucho alrededor del cuello, gorra, chaqueta y pantalón de jeans, como los millares de sojeros, trigueros y ganaderos que se consideran embarcados en una epopeya patriótica.

"Se volvieron locos. Ahora no es culpa nuestra. Les ofrecimos hablar de retenciones (impuestos a las exportaciones) y no quisieron", contraatacó el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, el tercer hombre con más poder e influencia en el Gobierno después de la pareja Kirchner.

La negociación en medio de una frágil tregua en la huelga de 21 días organizada por el campo en marzo fracasó estrepitosamente esta semana y los contendientes se acusaron mutuamente de intransigencia al discutir el impuesto a la soja, cada día más demandada por China, India, Europa y América latina.

Las declaraciones incendiarias de ambos bandos no hicieron más que reflejar la dura puja por la multimillonaria renta de la oleaginosa, llamada el "oro verde" en la Argentina del siglo XXI, con una cosecha valuada este año en unos 24.000 millones de dólares.

El Gobierno quiere adueñarse de una parte de león de semejante renta, al calcular, respecto de 2007, un alza de 9.000 a 11.000 millones de dólares en la recaudación de tributos a las exportaciones de soja.

Pero los agricultores han puesto de nuevo el grito en el cielo con el argumento de que será lisa y llanamente una confiscación si el precio internacional supera los 600 dólares la tonelada y el Gobierno aplica sobre el excedente un durísimo porcentaje tributario de 95%.

"¡No quieren democratizar la riqueza!", los amonestó Cristina Kirchner, quien quiere matar dos pájaros de un tiro al elevar, por un lado, el inédito supéravit fiscal anual de 3% a 4% del Producto Interno Bruto (PIB) y a la vez controlar los precios de los alimentos en el mercado interno.

La inflación real en Argentina está rondando el 30% anual, según todas las consultoras privadas, mientras que el índice oficial está por debajo del 10%, pese a las denuncias ante la Justicia por manipulaciones del Gobierno.

El economista estadounidense Paul Krugman, muy consultado por economistas y políticos argentinos, ha declarado que "las naciones proveedoras de alimentos, desde Ucrania a Argentina, han estado limitando sus exportaciones".

"Intentan --agregó Krugman-- proteger a sus consumidores internos, lo que condujo a protestas de parte de los agricultores y empeoró las cosas en los países que necesitan importar alimentos".

El Gobierno argentino afirma que si bajara o eliminara las retenciones, el precio del kilogramo de pan saltaría de 3 a 15 pesos (de 1 a 5 dólares), cuando el salario promedio de la economía ronda el equivalente a 500 dólares, en un país que aún tiene un 30% de pobres.

"¡No somos los culpables de la inflación!", se defendió otro líder de la huelga, Eduardo Buzzi, de la Federación Agraria, organización con 100.000 afiliados, y responsabilizó a los grandes oligopolios formadores de precios y las poderosas multinacionales exportadoras de granos.

La sangre no llegaba aún al río de las exportaciones, pero si la huelga se extiende más de una semana, impactará en la agroindustria, donde se procesan 35 de los 47 millones de toneladas de soja como harinas y aceites, en un país que es el primer exportador mundial de esos productos.

Argentina entró ahora en la mirilla de los mercados mundiales por ser también fuerte en trigo y maíz, justo cuando los 40 países que más producen alimentos están reduciendo sus embarques, según la Organización Mundial de Comercio (OMC).




Viernes 9 de Mayo
Fuente: AFP

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